Semana Santa en La Bocana

Lima 10 de Mayo 2019

La Bocana es un balneario ubicado en el norte del Perú, desde mi infancia es el lugar sinónimo a la celebración de semana santa, los recuerdos de esta travesía hacia La Bocana son innumerables siempre unidos a la familia Pilco, quienes por tradición nos reuníamos a disfrutar de la semana santa desde el miércoles hasta el domingo, muchas familias se trasladaban con sus víveres y algunos enseres básicos, pero bien básicos.

Luego de 45 años pude disfrutar de una noche en La Bocana gracias a la invitación de mi gran amiga May Cruz Gil y sus hermanas, fue una experiencia inolvidable, agolpaban en mi memoria todas las vivencias de la niñez, ahora los lugares eran los mismos y la naturaleza realiza cambios constantes en la desembocadura del río.

Muchas anécdotas en el viaje a La Bocana, la primera es que fui con mi papá y mi mamá en un vuelo charter, no mentira fui en una Combi desde el paradero de El Grifo de Guadalupe, esperamos unos minutos para que se completen los pasajeros y estábamos listos para iniciar el viaje, hasta este momento regresábamos todos al finalizar el día en la misma combi según el acuerdo con el conductor.

Y luego de recorrer la carretera cerca a los sembríos de arroz, pasamos al lugar denominado La Coscomba, un lugar famoso porque acá en mi niñez mi tío Oscar Pilco hacía literalmente bailar a su camión, para que los que no conocían de ese parte de la carretera se quisieran bajar porque parecía que se volteaba el camión, después ya estábamos en la recta final y se empezaba a ver en el horizonte el mar.

Y ya estábamos en La Bocana, mi amiga May y su familia no lo creían, estaba allí para pasar unas horas junto a ellas, nos acompañaban nuestras ilusiones y la esperanza de poder conocer nuevamente La Bocana luego de 45 años aproximadamente.

Todo fue tan rápido, en unas horas estaba compartiendo con la familia Cruz Gil en pleno, me había bebido todos los vasos de cerveza que mi prescripción médica me permitía para cada cinco años, almorzamos un delicioso potaje, me bañé en el río con mi papá a sus casi 85 años, luego a seguir disfrutando de la familia hasta que la tarde ya hacía sentir el momento del regreso a Guadalupe, aquí empieza la primera anécdota, mi mamá no creía que yo me quedaría hasta el día siguiente, los motivos según ella eran muchos: no había llevado pijama, no tenía como abrigarme para la noche, no tenía ropa para el día siguiente y muchos otros motivos maternales. Hasta que Coqui el hermano de May y mi compañero de colegio comprendió que era real, me iba a quedar a dormir en La Bocana y él llevaría a mis papás a Guadalupe, mi mamá seguía pensando que me iría con ellos. Antes de irse Coqui me ofrece una casaca y un pantalón de buzo para paliar el frío nocturno, yo acepto gustosamente y guardo esa ropa en el dormitorio asignado para los hombres, donde Lolo el hermano mayor de May ya estaba instalado. Aquí empieza la siguiente anécdota, cuando el frío empezó a sentirse May me hizo recordar que debía abrigarme y que buscara la casaca, eso hice y me abrigué con la casaca que tenía las mangas un poco largas y un poco ancha pero abrigaba muy bien, la marca Walom hizo que May me comentara que Lolo tenía una casaca igual, me imaginé que los hermanos Coqui y Lolo tendrían gustos parecidos, Lolo regresó y a la hora de cenar todo fue de maravilla, esta foto lo muestra

 

Y como el día no es infinito, ni la gasolina del motor de luz tampoco, llegó la hora de dormir, antes ayudé a guardar las playeras, colgar las hamacas, cepillarse los dientes con mi nuevo cepillo incorporado en mi dedo índice de la mano derecha y luego buscar el pantalón de buzo que Coqui me dejó para el frío de la madrugada, Lolo ya se encontraba descansando cuando encontré el pantalón de buzo y junto a él una casaca azul, se me fue el sueño de la vergüenza, la casaca que estaba puesta (ver la foto de la cena) era la casaca de Lolo y él era el único que con su polo rojo no estaba abrigado (ver la foto), la vergüenza se transformó en chucaque de barriga, de cabeza y el sueño no volvió hasta que pude calmarme, después de varios padrenuestros y avemarías, luego de abrigarme con el pantalón y buzo de Coqui y dejar el buzo para que su dueño lo encontrara al día siguiente.

Dormir en la playa con el sonido del mar de música de fondo es lo mas relajante que puede uno sentir aunque el dueño de la casaca, mi compañero de habitación, me hiciera recordar de rato en rato que me había puesto su casaca, son gajes del oficio de los visitantes que van por un solo día y logran quedarse dos días en La Bocana.

La noche y luego la madrugada en la playa no evitan que la costumbre de levantarse temprano se haga presente, así que era hora de disfrutar de un amanecer en la hamaca, el alba despuntaba y las sombras daban paso al aurora en una playa con tantos recuerdos y las siluetas del cargador de agua para las casas desde el río, comenzaron a verse cada vez mas claras, era inevitable iniciar el paseo a la orilla del mar y por la desembocadura del río, de allí proviene el nombre de La Bocana, la brisa del mar por las mañanas y la silueta de la luna aún en el firmamento brindaban unas vistas espectaculares, solo algunas de ellas les comparto, la siguiente foto muestra al sol saliendo y reflejado en las aguas del río mostrando algo parecido al sunset siendo un amanecer en La Bocana.

Como todos en la playa no están paseando y disfrutando de las postales de la naturaleza, un pescador cargando su caballito de totora me recuerda que también en los lugares de solaz esparcimiento existen labores que realizar, la pesca artesanal es una de ellas, los veraneantes están pendientes de la salida de los pescadores en sus embarcaciones milenarias pues traen pescado para los potajes marinos.

Podría seguir escribiendo todas las anécdotas de este cierre de temporada de verano en La Bocana, pero la recomendación es que las publicaciones en un blog no deben ser mayores a 1,000 palabras y el desborde de emociones también han desbordado el espacio y espero que siempre recuerden que En el mar la vida es mas sabrosa y mejor si es cerca a la desembocadura de un río, eso se llama La Bocana de Guadalupe.

Con el cariño de siempre para mi amiga May Cruz Gil, sus hermanas y toda su familia que es mi familia de Guadalupe.

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